VIDA NUEVA Padre Lagrange

 

« ¿Puede la Biblia resistir a la crítica científica?

La vida y la obra del Padre Lagrange, fundador de la Escuela bíblica y de arqueología francesa de Jerusalén”

Fray Manuel Rivero o.p., vicepostulador de la causa de beatificación del padre Lagrange[1].

 

Actualidad del Padre Lagrange

 

El Sínodo de los obispos sobre “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia” tendrá lugar en el mes de octubre próximo. Con esta ocasión la Iglesia estudia de forma especial la Palabra de Dios en los cinco continentes.

El día 10 de marzo de este año 2008 se celebrará el 70 aniversario de la muerte del Padre Lagrange († Saint Maximin (Francia), 10 de marzo 1938).

La Escuela bíblica de Jerusalén, fundada por el padre Lagrange, continúa la publicación de la revista lanzada también por él “la Revue Biblique” y prepara una nueva edición de la Biblia de Jerusalén con nuevos comentarios que reflejan cómo la Palabra de Dios ha sido acogida e interpretada a lo largo de la historia de la Iglesia. Los arqueólogos de la Escuela prosiguen sus investigaciones y ofrecen toda una serie de elementos científicos que esclarecen las preguntas y las dudas de nuestros contemporáneos: ¿Puede la Biblia resistir a la crítica científica? ¿Qué lugar ocupa hoy la Biblia en la vida espiritual de los fieles? ¿Qué interpretación de la Biblia ofrece hoy la Iglesia católica? ¿Qué importancia damos a la Palabra de Dios en el testimonio de la fe, la catequesis y la predicación? ¿Qué trasmiten los cristianos: Una moral o el Evangelio revelado?

Pienso que la vida y la obra del padre Lagrange son para el hombre contemporáneo una luz que hacen resplandecer al misterio de Jesús y conducen al rostro de Dios.

El poeta andaluz Juan Ramón Jiménez, Premio Nóbel de literatura en 1956, escribe en su “Diario de poeta y mar”: “Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y la raíces vuelen.”[2] El recorrido del Padre Lagrange representa la historia de un alma al mismo tiempo que una gran aventura intelectual que dan ganas de “arraigarse” en la Iglesia y de “volar” en la misión.

 

 

Nacimiento y juventud

 

Alberto Lagrange nació en Bourg-en-Bresse (Francia) el día 7 de marzo de 1855, fiesta en aquel entonces de Santo Tomas de Aquino.

En 1858, su madre Elisabeth Falsan, le presentó al santo Cura de Ars  Juan María Vianney que le bendijo. Perteneciente a la burguesía de Lyon transmitió a su hijo un gran amor a la Virgen María, la Inmaculada Concepción. El día de su bautismo, el 12 de marzo de 1855, le consagró a la Virgen Negra venerada en la región con la lectura del Prólogo del Evangelio según San Juan. Durante la ceremonia el sacerdote puso su estola sobre él[3] : “In principio…” (“Al principio era el Verbo…”)

Su tío materno y padrino de bautismo, Alberto Falsan, le inició en la geología que le serviría más tarde para estudiar la historia de “los estratos” de los textos bíblicos.

Estudió en el seminario menor de Autun[4] en donde su padre, que era notario, había estudiado también antes de escoger el camino del matrimonio, lo que valió al joven Alberto muchos encuentros en el hogar familiar con los antiguos camaradas de clase que ejercían el ministerio sacerdotal.

De adolescente impartía el catecismo a niños. Como miembro de la Conferencia de San Vicente de Paúl visitaba a los pobres.

Su oración Mariana y la belleza de la Coronación de la Virgen María de Fra Angélico (1387-1455), el dominico de Florencia, nombrado patrón de los artistas por Juan Pablo II, le ayudaron también a acercarse a Cristo y a la vida religiosa.

Estudió Derecho y se doctoró por la universidad de París. Sus colegas le eligieron secretario de la Conferencia de Abogados. Pero el joven jurista Alberto Lagrange llevaba en su corazón la vocación al sacerdocio desde el día de su Primera Comunión[5]. Así pues, entró en el Seminario de San Sulpicio cerca de Paris en Issy-les-Moulinaux. Los profesores de San Sulpicio supieron darle “el gusto de la Santa Escritura” que amó con pasión toda su vida. Les dedicó su Comentario al Evangelio de San Mateo.

 

Dominico

 

Atraído por el ideal evangélico de Santo Domingo de Guzmán recibió el hábito blanco de la orden de predicadores el día 5  de octubre de 1879 en Saint-Maximin (Departamento del Var (83), Francia). El bienaventurado Jacinto Cormier, a la sazón prior provincial, le acogió en la provincia dominicana de Toulouse ciñéndole con su propio cinturón. Alberto recibió el nuevo nombre de Marie-Joseph con el que siempre firmó sus libros. En el silencio de su celda se consagró al estudio de la Biblia que colmaba su sed de Dios y de crecimiento espiritual. La Biblia fue siempre para él la fuente de vida espiritual. Un maestro contemporáneo de la espiritualidad, fray Pie-R. Régamey o.p., declaraba un día haber discutido y escrito mucho sobre la espiritualidad dominicana que en realidad no era otra cosa que el Evangelio. Desde sus estudios en el seminario hasta su muerte, la Biblia fue siempre el faro y el motor de su vida espiritual.

 

Estudios en Salamanca  y ordenación en Zamora

 

En 1880 los dominicos expulsados de Francia por una ley antirreligiosa fueron acogidos en el convento de San Esteban de Salamanca habitado por unos poquitos frailes españoles, en una España marcada por le odio hacia el catolicismo y agitada por los movimientos obreros de corte anarquista o marxista[6], a pesar de la restauración económica debida en parte al ferrocarril, agente de transformación y de desarrollo. A la muerte del rey Alfonso XII, en 1885, hubo un fuerte riesgo de agitación revolucionaria. Fray Marie-Joseph cuenta cómo un obrero que afilaba en la calle un cuchillo increpó a un grupo de religiosos franceses mostrando el arma: “Frailes, frailes, os han expulsado de Francia; nosotros los Españoles, no nos pagamos con esa moneda, exigimos el precio de la sangre”[7].

Al Padre Lagrange le gustó siempre escribir detalladamente su diario para dar su propia visión de los acontecimientos. Describe así la buena acogida de los dominicos de Salamanca que habían sido anteriormente expulsados de su claustro, al igual que las otras congregaciones religiosas, el perfume de santidad dejado por Santa Teresa de Ávila que se confesaba al padre Báñez o.p. …

 Fray Alberto Lagrange guardó un buen recuerdo de esos años de exilio en una atmósfera de vida religiosa y contemplativa durante la cual tuvo la ocasión de descubrir la gran mística Santa Teresa de Ávila que veneró como peregrino en Alba de Tormes. Esta doctora de la Iglesia será una fuente de gracia en la vida del Padre Lagrange. Dos Capítulos Generales de la orden de predicadores, organizados en Ávila impulsaron de manera providencial su obra. En 1895 el capítulo general de Ávila aprobó la fundación de la Escuela bíblica de Jerusalén y otro capítulo general celebrado en 1986 en la ciudad de Ávila pidió la apertura del proceso de beatificación del Padre Lagrange para realzar el estudio de “la Verdad que hace libre al hombre” (Juan 8,32) y que “libera a la inteligencia” como decía Jacques Maritain, diplomático francés y filósofo cristiano de la escuela tomista que participó en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

El 22 de diciembre de 1883 fue ordenado sacerdote en Zamora de manos de un obispo dominico misionero en Asia perteneciente a la Provincia dominica del Rosario encargada de evangelizar a ese misterioso continente. Su madre y su hermana pudieron estar presentes en ese gran día lo que llenó su corazón de satisfacción.

A lo largo de sus estudios en Salamanca, Marie-Joseph Lagrange frecuentó a varios dominicos de la Provincia de Toulouse que serían grandes misioneros en Brasil: Dominique Carrérot, Gilles Vilanova… También encontró al gran místico dominico Juan G. Arintero del que hablaba elogiosamente: “Arintero se ha convertido en un doctor místico muy escuchado. Ha fallecido en olor de santidad y a los fieles les gusta depositar flores en su tumba”[8].

 

Toulouse (Francia) y Viena (Austria)

 

En 1886 el Padre Lagrange vuelve al convento de Toulouse en donde va enseñar la filosofía y la historia de la Iglesia sin olvidar el ministerio de la predicación. En 1888, su prior provincial, le envía a la Universidad de Viena en Austria, para estudiar las lenguas y las civilizaciones de Oriente (hebreo, árabe, egipcio y el asirio). Un viaje a Egipto, Palestina y Líbano a principios del año 1890 completó su formación teórica.

Hablaba alemán, inglés, italiano y español. En sus ratos de ocio leía a Dante, Goethe, Shakespeare, y a los autores clásicos griegos y latinos.

 

Fundación de la Escuela bíblica de Jerusalén

 

El Padre Lagrange inauguró la Escuela práctica de estudios bíblicos  de Jerusalén el 15 de noviembre de 1890, fiesta de su patrono de bautismo San Alberto Magno o.p. La Escuela bíblica nació pequeña y pobre, a imagen del Evangelio, en un antiguo matadero en el quedaban colgadas todavía las argollas. Una mesa, un tablero, un mapa y unos libros, cuya cantidad era apenas del nivel de un cura de pueblo, formaban la riqueza que recibirá en 1920 el estatuto oficial de Escuela Francesa de Arqueología de Jerusalén y que se convertirá en un gran centro científico de investigación en arqueología y en Biblia. Su biblioteca cuenta hoy con 140.000 volúmenes. Lo que nos muestra una vez más que las grandes cosas nacen pequeñas. La experiencia y no solamente la doctrina del Padre Lagrange son fuente de inspiración para el hombre contemporáneo, rico en medios y falto a menudo de sentido y de fuerza en el alma. Es modelo de fe ya que ponía su confianza no en sus fuerzas sino “en la ayuda de la Señora Santa María y del Señor San Esteban”.

                                                                                       Para el Padre Lagrange, “la pedagogía que une el documento y el monumento es la más fecunda de las pedagogías.”[9] Por esta razón quiso siempre que la Biblia fuera estudiada en Tierra Santa y no únicamente en las bibliotecas de eruditos. Decía con humor que el “contexto del estudio bíblico –Sitz im Leben- no es el sillón”. Los elementos geográficos y climáticos, descritos a menudo de forma poética, ocupan una parte importante en sus comentarios exegéticos. Para el padre Lagrange el estudio de la Biblia exige la consagración de toda una vida para comprender “este abismo de luz y de oscuridad. La Biblia es oscura.”[10]

El estilo de Lagrange es científico pero elegante. Respondía con humor a los que esperaban más efectos estéticos que “el soldado llamado al combate no tiene  tiempo para hacer brillar sus botas”.

Hombre con los pies en la tierra, iba al desierto y estuvo a punto de morir en el desierto de Petra en un ataque nocturno de beduinos el 27 de octubre de 1897. Con miedo a morir, cuando silbaban las balas, propuso a  fray Louis-Hugues Vincent, su amigo íntimo, que se dieran mutuamente la absolución gritándole: “¡Con la fórmula breve!”

El poeta castellano Antonio Machado decía: “Caminante no hay camino se hace camino al andar”. Sin embargo, hay algo que impresiona en la vida del Padre Lagrange: su intuición del futuro y su lectura personal del pasado. En el momento de inaugurar la Escuela bíblica vislumbra y orienta lo que será poco a poco esta institución que dará nacimiento a la Biblia de Jerusalén. Hombre de oración, iluminado por el Espíritu recibido en el bautismo, el Padre Lagrange declara en su discurso delante de las autoridades civiles (el cónsul de Francia) y religiosas: “Dios ha dado en la Biblia un trabajo interminable a la inteligencia humana y le ha abierto un campo indefinido de progreso en la verdad. Admiro en la doctrina católica que sea a la vez inmutable y progresiva. Para el espíritu no es un límite sino una regla. No se impone sino que solicita su actividad; le gusta ser examinada detenidamente porque sabe que es segura y sin fallos: las grandes inteligencias que han hecho estallar el ámbito estrecho de tantas religiones se encuentran a gusto en sus límites y pueden darse de lleno a su pasión preferida que es el progreso en la luz. La verdad no se transforma, crece.”[11]Esta idea de progreso es fundamental en la obra del Padre Lagrange que conocía la teología del progreso de la fe expresada por San Vicente de Lerins y que fue citada por el Concilio Vaticano I[12].

En junio del 1891, al poner la primera piedra de la futura Escuela bíblica, el Padre Lagrange depositó una serie de medallas y de reliquias: medallas de Sagrado Corazón, de Nuestra Señora de Lourdes y de Nuestra Señora del Rosario, de San Benito, de Santa María Magdalena (la patrona de Saint-Maximin y de la provincia dominicana de Toulouse, del Papa León XIII); reliquias de la rocas de Belén, del Gólgota y del Santo Sepulcro, reliquias de dominicos ilustres (Jerónimo Savonarola, Jandel Besson, Lacordaire que había restaurado la orden de predicadores en Francia, y un fragmento de la sotana del Cura de Ars). Todo ello constituye una gran riqueza simbólica de audacia profética, de espíritu apostólico y de fidelidad humilde y cotidiana. La Inmaculada Concepción celebrada el 8 de diciembre fue escogida como patrona de la Escuela.

El genio espiritual del Padre Lagrange aparece también en la unión hecha entre la teología tomista y la exégesis –interpretación los textos bíblicos-, entre el convento de San Esteban de Jerusalén –lugar de oración, de vida común y de predicación- y la Escuela bíblica, entre el oratorio y el laboratorio, entre la investigación y la liturgia: “Me encanta escuchar el Evangelio cantado por el diácono en el púlpito en una nube de incienso: las palabras penetran entonces en mi alma más profundamente que cuando las encuentro en un debate de una revist[13].

 

El desafío intelectual

 

El modernismo[14] reducía la Revelación divina a una creación humana sin fundamento histórico. La crítica racionalista de la Biblia y ciertos estudios históricos y arqueológicos hacían peligrar la fe de sacerdotes y de laicos perturbados en lo más íntimo del alma por las explicaciones exegéticas de Ernesto Renan[15] y de Alfredo Loisy[16], entre otros, que rechazaban el carácter sobrenatural de la Iglesia. La fe cristiana está fundada  en la Palabra de Dios transmitida por los autores inspirados por el Espíritu de Dios: profetas, evangelistas, apóstoles…

El padre Lagrange “coge al toro por los cuernos” estudiando la exégesis protestante y replicando a la crítica racionalista de Alfredo Loisy[17] con su crítica científica y respetuosa del dogma católico. “No hay que contentarse con hacer de la crítica la responsable de todos los males. Solamente la crítica puede responder a la crítica”[18], decía el padre Lagrange que muestra en sus comentarios exegéticos de los Evangelios la inoperancia de muchos de los argumentos de Alfredo Loisy, sacerdote y exégeta, que fue excomulgado en 1908. El fundador de la Escuela bíblica tenía una gran confianza en la crítica.

También estudió la crítica textual y literaria, la arqueología y  la geografía de Palestina. Su obra intelectual comprende unas 16000 páginas: treinta libros, 250 artículos, reseñas, predicaciones, diarios personales[19]... Comentó los cuatro Evangelios y las cartas de San Pablo a los Romanos y a los Gálatas y consagró dos volúmenes al Judaísmo antiguo, escribió una vida de San Justino... Entre sus publicaciones más conocidas figuran “El método histórico” y “El Evangelio de Jesucristo”. “El método histórico” reúne las conferencias dadas en el Instituto Católico de Toulouse en 1902. Invitado por su amigo y rector Monseñor Pierre Batiffol, el Padre Lagrange presentó el método histórico-critico en la interpretación de la Biblia que se convirtió en un texto profético de referencia en la historia de la exégesis católica como se puede constatar en la constitución dogmática “Dei Verbum” del Concilio Vaticano II y en las conclusiones de la Comisión Bíblica Pontificia de 1993 cuando habla de los géneros literarios y de la diferentes fuentes y documentos que han conducido de manera diacrónica a la Biblia que conocemos[20]. El método histórico-crítico tiene sus límites y no es una panacea universal pero es indispensable para comprender la Escritura. El Papa Benedicto XVI lo aprueba y utiliza sus resultados como lo explica en su libro “Jesús de Nazaret”[21].

Dios ha hablado al pueblo de Israel en su lenguaje humano pasando por las mediaciones de las lenguas y de la cultura de la época. El concepto de mediación relacionado con el misterio de la Encarnación es fundamental para comprender la Revelación Divina. No hay acceso al misterio de Dios sin mediación. El Padre Lagrange estudió las mediaciones históricas de la Revelación utilizando la ciencia histórica de su tiempo ya que “todo lo que tiene apariencia de historia no es una historia”[22]. Este miembro de la Orden de predicadores, fundada para la salvación de las almas, no soporta que algunos se pierdan “por no creer lo que la Iglesia no exige que se crea.[23]”

No podemos ni imaginarnos las declaraciones de algunos catecismos de la época sobre el libro del Génesis, la creación del mundo y la historia de la humanidad, que favorecían la pérdida de la fe por su ignorancia de los géneros literarios y por su absurda contradicción con los descubrimientos científicos que empujaban al fiel hacia un concordismo[24] contrario a la fe católica. El Padre Lagrange distinguía los estudios exegéticos del dogma de la Iglesia. Su trabajo aspiraba a unir la razón y la fe, como lo desea la tradición católica y el Concilio Vaticano I opuesto al fideísmo[25].

En sus comentarios bíblicos, el Padre Lagrange estudia las lenguas traduciendo los textos del hebreo o del griego, añadiendo la crítica textual y literaria, la historia de la religiones y los comentarios de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos como Santo Tomas de Aquino y desemboca en el néctar de la doctrina católica expresada en su sabrosa riqueza espiritual[26] como se puede comprobar hasta en un texto inédito sobre el Diluvio (Génesis 6-9) preparado para su publicación en la “Revue biblique” en 1899 y que nunca vio la luz por falta de aprobación de las autoridades de la Iglesia.

En cuanto a su obra más difundida “El Evangelio de Jesucrist[27] –vulgarización de calidad de sus descubrimientos exegéticos- sigue nutriendo la fe y la contemplación de millares de creyentes que quieren entrar en la luz de Dios por medio de su Palabra.

El padre Lagrange consagró su vida al estudio de la Biblia para el honor de la Iglesia en un momento en que la exégesis católica se hallaba en un estado de inferioridad intelectual en comparación con los exegetas  protestantes. Consciente de los límites de toda investigación y descubrimiento no se hacía ilusiones sobre el valor perenne de sus estudios sino que los relativizaba pensado que su mejor aportación a la Iglesia se encontraba en el impulso dado a la Escuela bíblica de Jerusalén y a la exégesis científica[28]. A sus alumnos no les pedía obediencia a sus tesis sino espíritu crítico y pensamiento personal invitándoles firmemente a verificar lo que él enseñaba.

 

Fiel en la adversidad

 

Hay quién piensa que al estar cerca de Dios no se tiene problemas. El Evangelio desde el comienzo hasta el final presenta a Jesús sometido a la contradicción. La obra de Dios se desarrolla en la adversidad y en la crítica.

La vida del padre Lagrange no ha sido un largo río tranquilo sino una aventura difícil con éxodos y exilios, ataques y condenas como en la historia bíblica. Hoy en día su figura atrae y apacigua precisamente por su fidelidad en las dificultades de la existencia. Como vicepostulador de su causa de beatificación recibo cartas de muchos laicos solteros y la mayor parte de las veces casados que han encontrado en su ejemplo de audacia, lealtad y obediencia un estímulo para seguir creyendo y amando en la vida familiar y profesional.

En su lugar otros exegetas han abandonado o criticado amargamente a la Iglesia. La santidad del padre Lagrange brilló en esos momentos de tinieblas y de tristeza interior provocados por la incomprensión de ciertos responsables eclesiásticos. Encontró en la oración y concretamente en la oración en el monte de los Olivos la fuerza y la luz necesarias para servir fiel y sin hiel. Los frailes dominicos de Jerusalén le veían pacífico y entusiasta cuando volvía de Getsemaní en dónde Jesús había rezado a su Padre: “Abba, Padre, todo te es posible; aleja de mí este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.”[29]

El padre Alfonso Delattre[30], jesuita, criticó el método histórico-crítico del Padre Lagrange que contaba con amigos y colaboradores de la Compañía de Jesús. Otro jesuita el padre L. Fonck[31] se convirtió en un rival del padre Lagrange sirviéndose de intrigas políticas con el deseo de crear otro centro bíblico en Jerusalén, dependiente del Instituto Bíblico Pontifical Esto suponía para la Escuela bíblica la pérdida de alumnos en una época en la que había pocos para ese nivel de estudios en Palestina.

Hay que tener presente que la tradición de la Iglesia y sus leyes se oponen a la instalación de una nueva orden religiosa en una ciudad en la que otra orden ya cumple ese ministerio.

La correspondencia del Maestro de la Orden de predicadores, Jacinto-María Cormier con el padre Lagrange muestra su exigencia intelectual y su obediencia filial[32] vividas en el diálogo. Y no dudó en dar un buen testimonio sobre el espíritu de justicia del padre Cormier a favor de su beatificación[33].

El padre Lagrange respetó siempre las directivas de sus superiores aunque fuesen injustas y le hicieran daño, pensando que lo hacían por razones de prudencia en una sociedad en peligro: “Pío X, ese gran Papa, ha actuado en ciertos casos como los jefes que proclaman la ley marcial en circunstancias que exigen medidas excepcionales. Le tocaba restablecer la seguridad nacional costara lo que costase a algunos individuos.”[34] El Papa Pío X vivió en una época particularmente difícil. Por otra parte, no tenía la fuerza intelectual de León XIII para poder afrontar personalmente los problemas exegéticos.

Reconocía que gracias a la obediencia su vida había sido más fecunda que si hubiera hecho libremente su voluntad[35]. Las dificultades y las contradicciones encontradas en el camino le habían enseñado la humildad: “Constato en mí el defecto de la gente mayor: la irascibilidad. Uno se cree inteligente (…) y juzga con dureza: ¡Qué idiota ¡ Los jóvenes no caen de la misma manera en este defecto (…) ¡Qué hubiera sido de mi, mi buen Jesús, si no me hubieras humillado!”[36]

En una carta enviada el 6 de febrero de 1899 al maestro de la Orden, Andrés Frühwirth, se explica de la manera siguiente: “Me sorprende un poco que me considere capaz de hacer imprimir mi comentario al Génesis sin su permiso. Gracias a Dios, tal pensamiento esta lejos de mí. Siento dolorosamente nuestra inferioridad en los estudios críticos, pero sé muy bien que no se arregla nada en la Iglesia sin la obediencia.” Obedecía sin traicionar a su conciencia y explicando sus argumentos: “Una larga experiencia me ha probado que no hay que permitir que se ponga en duda ni la ortodoxia ni la honradez sino que hay que defender muy a menudo su honor de cristiano y su lealtad.”[37]

El Papa León XIII, lector asiduo de la Revue Biblique, le tuvo en gran estima y contaba con él para la organización de los estudios bíblicos en la Iglesia. Sin embargo, el padre Lagrange fue denunciado en 1911 al Papa Pío X por un sacerdote que había enseñado la topografía durante un año en la Escuela bíblica de Jerusalén, el padre Luis Heidet (1850-1935)[38], que consideraba a su fundador como un protestante racionalista peligroso y para el que pedía al Papa un castigo duro y ejemplar que cortase las alas al “águila de la secta” y a los “aguiluchos”, sus discípulos, acto de autoridad que se convertiría en la “gloria de su pontificado”.

Ciertos errores objetivos en la denuncia enviada por el padre Heidet mostraban que no conocía bien el problema y desacreditaban su crítica. Los escritos del padre Lagrange nunca fueron puestos en el Índice como hubiera deseado el padre Louis Heidet[39].

Cuando le pidieron que dejase de enseñar y que se alejase de Jerusalén, el padre Lagrange no se puso a reunir firmas sino que exhortó a la obediencia a sus discípulos y hermanos para los que había sido prior. El día 3 de septiembre de 1912 se despidió con emoción de su Escuela querida: “Ni amargura ni fallos. Ningún soldado digno de ese nombre discute la orden que le lanza al combate; tampoco puede desfallecer o desertar. Os garantizo mi oración y mi corazón (…). Si Dios quiere que esta obra viva, la hará vivir como en el pasado; pero merecéis mi apoyo a condición de seguir valientes, entusiastas sobre todo buenos religiosos e hijos sumisos de espíritu y de corazón a la Orden y a la Iglesia.”

El acto de sumisión transmitido por el maestro de la Orden, H.M. Cormier al Papa Pío X, calmó el conflicto[40]. Exigente en el cara a cara con Lagrange, Cormier defendía a su hijo espiritual en el Vaticano. El padre Lagrange reconoce en su Diario que las críticas recibidas por él han sido de poca importancia en comparación con las sanciones graves impuestas a otros[41].

Al llegar al trono de San Pedro, el Papa Benedicto XV manifestó su simpatía al Padre Lagrange, como lo expresa una carta del 8 de enero de 1915.

“El que no ha sufrido por la Iglesia no sabe lo que es amar a la Iglesia”, decía el fundador de la Escuela bíblica. También había experimentado que la picadura de las moscas que se nutren de miel es la más dolorosa. Los ataques que vienen de miembros de la Iglesia (sobre todo si son melosos eclesiásticos) hacen todavía más daño que las críticas de los ateos.

Asumió el cargo de prior a pesar de los inconvenientes que este puesto llevaba consigo para el estudio: visitas, administración... En su Diario expresa su deseo de estar libre para la enseñanza y cumple su deber humildemente para conducir a la comunidad amenazada de división y de complot[42].

Tampoco hay que olvidar el miedo a la muerte que le aterrorizó durante toda una noche en la que esperó al alba con inmensas ganas[43] .

En medio de los tormentos y de las angustias, el Padre Lagrange se alegra de que “el Señor no le deje sin su cruz”[44]. Las mortificaciones en la vida religiosa se encuentran precisamente en las injusticias soportadas humildemente.

 

Su espiritualidad mariana

 

El Papa Juan Pablo II había escogido el lema mariano “Totus tuus”, siguiendo la línea espiritual de San Luis María Grignion de Montfort, que pertenecía a una fraternidad dominicana por lo que es celebrado en la liturgia de la Orden de predicadores. Para el Padre Lagrange, María es su “Madre” y a la que está unido completamente[45]. Se consagró a la Bienaventurada Virgen María Inmaculada[46]. María es sobre todo la “Madre del Verbo”[47] a la que pide ayuda a fin de que la Palabra nazca en él y pueda transmitirla a los demás. Su espiritualidad mariana es apostólica: “Regina apostolorum”[48]

Elisabeth Falsan, la madre del Padre Lagrange, perteneció a la fraternidad laica dominicana. Fervorosa de la Virgen vistió a su recién nacido Alberto durante tres años con los colores blanco y azul símbolos de María. El pequeño Lagrange creció en un clima de fe mariana enriquecido por las estatuas, las imágenes y por las oraciones tradicionales a la Madre de Dios. En los grandes momentos espirituales de su vida se puso de rodillas a los pies de la madre de Jesús como se puede constatar en sus Diarios íntimos, algunos todavía inéditos[49], en los que figura muy a menudo en cada página la invocación “Ave María”.

En su comentario “El Evangelio de Jesucristo” aborda el misterio de la Encarnación y del desarrollo humano de Jesús que “creció en sabiduría,  edad y gracia” (Evangelio según San Lucas 2, 52): “Hubo en Jesús, como en otros, algo de la influencia de su Madre. Su gracia, su finura exquisita, su dulzura indulgente son propios de Él. Pero así se distinguen los que han sentido a menudo su corazón empapado por la ternura materna y su espíritu afinado por las conversaciones con la mujer venerada y tiernamente amada que se complacía  iniciándoles en los matices delicados de la vida.”[50]

“La coronación de la Virgen” de Fra Angélico de Fiesole le atrajo a la vocación dominicana por su luz y por su pureza.

Su primera misa la celebró en el altar del Santo Rosario en Zamora, el domingo 23 de diciembre de 1883, y tuvo la alegría inefable de dar la Comunión a su madre y a su hermana Teresa.

Cuando era estudiante en derecho en París, Alberto Lagrange compró un rosario que le ayudó a atravesar un momento de crisis espiritual. Dominico rezaba cotidianamente el rosario uniendo maravillosamente el estudio y la contemplación. Estudiante en el convento de Salamanca intuyó la relación profunda que unía el rosario y su vocación dominicana[51]. La investigación y la enseñanza encontraban en su oración del rosario una nueva luz y un horizonte infinito. La recitación del rosario despertaba su deseo de profundizar el misterio en el estudio al mismo tiempo que elevaba  su alma a Dios.

En una conferencia dirigida a los laicos dominicos de Montpellier en 1936[52], el Padre Lagrange compartió su experiencia espiritual del Rosario diciendo: “El Rosario es un resumen del Evangelio que nos orienta hacia la finalidad que la Encarnación y la Pasión de nuestro Señor Jesucristo nos hace esperar. ¿Podemos pensar que el Rosario reemplaza a la lectura de la Escritura haciéndola inútil? Digamos más bien que la hace desear, haciéndola incluso necesaria si queremos tener delante de nuestros ojos los misterios que debemos meditar.” Estamos delante de un visión teológica y profética del Rosario como “lectio divina” con la Virgen María. María acerca el paraíso a la tierra[53]. Y el Padre Lagrange escribió en su Diario íntimo que el mes de octubre había sido siempre propicio a la Escuela bíblica[54].

Su comentario al libro de los Jueces lo dedicó a María Inmaculada. Y su comentario al Evangelio según San Juan comienza con una cita de Orígenes: “Digámoslo, los Evangelios son la parte escogida entre todos los textos de la Escritura: nadie puede adquirir su espíritu si no se ha recostado en el pecho de Jesús y si no ha recibido de Jesús a María por Madre. El nombre de María anima nuestra confianza. Por su mediación imploramos la luz sobrenatural necesaria a la inteligencia de un libro tan lleno de sentidos divinos.”

 

“El mayor exegeta de la Iglesia desde San Jerónimo”[55]

 

Monseñor Bruno de Solages consideró al Padre Lagrange como un Maestro de “alma grande” y como “el mayor exegeta que la Iglesia haya conocido desde San Jerónimo”.

El día 30 de septiembre de 1914 el padre Lagrange confió espiritualmente al gran exegeta San Jerónimo (350-420) la Escuela bíblica[56]. La oración fue el motor de su existencia: “En cuanto rezo mi vida espiritual sube.”[57] El estudio de la Biblia le condujo al amor de Dios: “La Escritura nos da una visión profunda de Dios y nos lo hace amar”[58].

Intelectual y místico, el padre Lagrange sobresale en la historia como un “doctor de la Iglesia”, según el padre Maurice Gilbert, jesuita, especialista de la Biblia, que ha sido rector del Instituto Bíblico Pontificio de Roma.

Entre los numerosos discípulos directos del Padre Lagrange podemos citar a las personalidades siguientes:

Cardenal Eugenio Tisserand, gran orientalista.

Monseñor Bruno de Solages, rector del Instituto Católico de Toulouse, que organizó en Francia una red de ayuda a los judíos perseguidos durante la ocupación nazi.

Jean Bottéro, historiador de las  religiones.

Fray M.-J. Stève o.p., arqueólogo, especialista de la lengua elamita.

Fray Jacques Loew o.p., fundador de la Congregación San Pedo y San Pablo y de la Escuela de la fe en Fribourg (Suiza).

Fray Roland de Vaux o.p., especialista del Antiguo Testamento y arqueólogo que ha trabajado sobre los Manuscritos del Mar Muerto de las grutas de Qumrân…

 

Los discípulos le dieron muchas alegrías, pero el Padre Lagrange sufrió profundamente por el abandono del sacerdocio de fray Eduardo Dhorme, de gran capacidad intelectual, que tradujo la Biblia para la edición francesa de la Pléiade. Sin embargo, la oración del Padre Lagrange y de otros creyentes obtuvo la reconciliación de E.Dhorme. Al final de su vida se confesó, llevando una vida de contemplación y de rezo del rosario con un alma de niño.

 La cultura del hombre contemporáneo está marcada por el espíritu crítico y científico. Jean Guitton, filósofo, y miembro de la Academia francesa, fue discípulo del padre Lagrange en Jerusalén. J. Guitton, amigo de Pablo VI, fue invitado como laico intelectual al Concilio Vaticano II. Autor de un libro sobre el Padre Lagrange[59] que correspondía a un deseo personal del Papa Juan Pablo II, Jean Guitton consideraba el trabajo intelectual al servicio de la Iglesia como un gran testimonio de fe: “El color negro de la escritura equivale al color rojo de los mártires.”[60] Se puede decir que el padre Lagrange se ha “sangrado” escribiendo sus comentarios bíblicos.    

El Papa Pablo VI presentó al Padre Lagrange como “un gran maestro de la exégesis: un hombre en el que brillaron de forma excepcional la sagacidad crítica, la fe y el afecto a la Iglesia”[61]. En la audiencia general en el Vaticano del 25 de abril de 1967, el mismo Papa citó al padre Lagrange.

El 31 de octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II, en un discurso dirigido a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias en el que evocó la condena del pensamiento de Galileo y los descubrimientos de la ciencia histórica, presentó al Padre Lagrange como “un pionero que supo discernir con criterios seguros”[62], sin precipitación ni miedos injustificados, en un momento de crisis intelectual racionalista grave.  

El cardenal Carlos María Martini, jesuita, exegeta y pastor emérito de la diócesis de Milán (Italia), me ha enviado una carta personal[63] el 22 de julio del 2007 para apoyar la beatificación del Padre Lagrange cuyos artículos de la Revue Biblique y sus comentarios de los Evangelios acompañaron sus primeros años de estudiante de la Escritura: “Su oración era fuego y fue el iniciador del renacimiento católico de los estudios bíblicos.” El Espíritu Santo, Espíritu creador y de comunicación, ha inspirado y guiado la obra del Padre Lagrange que sigue dando frutos.


Su testamento espiritual y su muerte

 

Conviene recordar su testamento espiritual escrito el 14 de diciembre de 1914: “Ave María. ¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! Declaro delante de Dios que mi intención es morir en la Santa Iglesia Católica a la que siempre he pertenecido de corazón y de alma desde mi bautismo  y deseo morir fiel a mis votos de pobreza, castidad y obediencia en la Orden de Santo Domingo. Me confío a mi Salvador Jesús y a su muy Santa Madre, que ha sido siempre tan buena conmigo.

(…) Declaro también de manera explícita que someto al juicio de la sede apostólica todo lo que he escrito.

(…) Quiero decir una vez más que soy hijo de María: “¡Tuus ego, salvum me fac!” (Jerusalén, convento San Esteban, protomártir).

El Padre Lagrange entró en la alegría de su Señor, el día 10 de marzo de 1938, a los 83 años de edad, en el convento de los dominicos de Saint-Maximin (Francia) donde había sido novicio. Sus últimas palabras fueron “Jerusalén, Jerusalén” y “Me abandono a Dios”. Sus hermanos entonaron el canto de Salve Regina antes de su último suspiro que le condujo a Jesucristo al que tanto había buscado, estudiado, rezado y predicado. 

En el mes de noviembre de 1967, sus restos mortales fueron trasladados al convento de San Esteban en Jerusalén, en cuya basílica los profesores, investigadores y alumnos de la Escuela bíblica veneran a su fundador.

 

 

Hacia la beatificación del Padre Lagrange

 

El proceso diocesano abierto el 8 de diciembre de 1987 por la diócesis de Fréjus-Toulon (Francia) ya está acabado. La “positio” (estudio científico de su vida y de su obra) va a ser presentada próximamente a la Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano.

Muchos fieles confían sus deseos y sus problemas a la oración del Padre Lagrange: enfermedades, conflictos profesionales y familiares, la conversión de los amigos, las vocaciones sacerdotales y religiosas, el estudio de la Biblia, el diálogo con los judíos y los musulmanes…

Como vicepostulador recibo testimonios emocionantes de acción de gracias por los favores espirituales y materiales recibidos por su intercesión.

Se necesitará todavía bastante tiempo para llegar a la celebración de su beatificación que precisa el reconocimiento oficial de un milagro aunque se pueda decir que la conversión de tantas personas que se han acercado al Evangelio gracias al Padre Lagrange sea ya un gran milagro.

 

 



[1] Asociación de los amigos del Padre Lagrange. Dominicains. 9 rue Saint- François-de-Paule. F-06300 Nice. Correo electrónico: manuel.rivero@free.fr. Portal de la Escuela bíblica de Jerusalén : http://ebaf.op.org/

 

[2] Juan Ramón Jiménez, Diario de poeta y mar. Buenos Aires. Editorial Losada. 1957. p. 14. Poema escrito en Madrid, 17 de enero 1916.

[3] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 15 de julio de 1922.

[4] Hombre de piedad filial, el padre Lagrange dedicó su Critica textual del Nuevo Testamento a sus maestros del seminario de Autun que le educaron “en una tradición de sencillez y de rectitud y sin exagerar la vigilancia en una atmósfera de honor y de honradez.”

[5] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. Jueves Santo 14 de abril de 1881.

 

[6] Ver Introducción a la historia de España, Antonio Ubieto, Juan Reglá, José María Jover y Carlos Seco, Barcelona, Editorial Teide, 1972.

[7] Marie-Joseph LAGRANGE, o.p. L’Ėcriture en Eglise. Choix de portraits et d’exégèse spirituelle (1890-1937). Présentation par M. Gilbert, s.j. Paris. Les  Ėditions du Cerf. 1990. p.98.

[8] Marie-Joseph LAGRANGE, o.p. L’Ėcriture en Eglise. Choix de portraits et d’exégèse spirituelle (1890-1937). Présentation par M. Gilbert, s.j. Paris. Les  Ėditions du Cerf. 1990. p. 89. Ver los artículos sobre los recuerdos del Padre Lagrange en Salamanca, Vie dominicaine, 3, (1937),p. 179-183, 221-225 y 244-248.

 

[9] Le Père Lagrange au service de la Bible. Souvenirs personnels. Préface de P. Benoît,o.p. Paris. Editions du Cerf. 1967. p. 36.

[10] LAGRANGE, (M.-J) des frères prêcheurs. M. Loisy et le modernisme. A propos des « Mémoires ». Juvisy (Seine et- Oise). Editions du Cerf. 1932. p. 130.

[11] Marie-Joseph LAGRANGE, L’Ecriture en Eglise. Choix de portraits et d’exégèse spirituelle (1890-1937). Présentation par M. Gilbert, s.j. Paris. Les Editions du Cerf. 1990. p. 104.

[12] Cf. Carta de M. –J. Lagrange al Maestro de la Orden de predicadores Andrés Frühwirth, Jérusalén 10 de mayo del 1898. El Concilio Vaticano II cita al texto del Concilio Vaticano I sobre San Vicente de Lerins (Dei Verbum, 8). La Bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre 1854 de Pie IX sobre le dogma de la Inmaculada Concepción hacia  también referencia a esa misma fuente teológica. La liturgia de las horas IV Tiempo ordinario viernes de la XXVII semana presenta un texto del Primer Conmonitorio de San Vicente de Lerins sobre el progreso del dogma cristiano utilizando las imágenes del cuerpo que crece o de la semilla que se convierte en trigo.

[13] Revue Biblique RB 1 (1892) 2. La Revue biblique fue fundada por le Padre Lagrange en 1892.

[14] MONTAGNES (Bernard), Le Père Lagrange (1855-1938). L’exégèse catholique dans la crise moderniste. Paris. Editions du Cerf. 1995.

[15] RENAN (Ernesto), filólogo e historiador francés (1823-1890), autor de una célebre Vida de Jesús de corte racionalista.

[16] LOISY (Alfredo), exegeta francés (1857-1940), rompió con la Iglesia y continuó sus estudios de investigación el Colegio de Francia de 1909 a 1927.

[17] LAGRANGE (M.-J), M. Loisy et le modernisme. Juvisy (Seine-et-Oise), Editions du Cerf. 1932.

[18] LAGRANGE (M.-J), Revue biblique RB, 12 (1903), p299 ; « Seule la critique peut guérir le mal causé par la critique ; c’est la méthode historique modérée qui est le remède. » M. –J. Lagrange à H.Hyvernat, 7 juin 1905, citado en B. Montagnes, Exégèse et obéissance, p. 72, n°42.

[19] Ver BRAUN (F.-M). L’œuvre du Père Lagrange. Etude et bibliographie. Préface du S.E. le cardinal Tisserand. Fribourg (Suisse). Editions Saint Paul. 1943.

[20] La interpretación de la Biblia en la Iglesia. Comisión bíblica internacional. Alocución del papa Juan Pablo II y prefacio del cardinal Joseph Ratzinger. 1993. Cf. Capitulo sobre el método histórico-critico: historia del método, principios, descripción y evaluación. En francés : L’interprétation de la Bible dans l’Eglise. Allocution de Sa Sainteté le pape Jean-Paul II et document de la Commission Biblique Pontificale. Préface du Cardinal Joseph Ratzinger. Introduction de Jean-Luc Vesco, o.p. Paris. Les éditions du Cerf. 1994. pp. 28-34.

[21] Joseph Ratzinger. Benoît XVI, Jesús de Nazareth. 1. Du baptême dans le Jourdain à la Transfiguration. Paris. Flammarion. 2007. p. 395 Bibliographie.

[22] Cf. Sexta conferencia sobre el método histórico en el Instituto Católico de Toulouse. Ver MONTAGNES (Bernard), Marie-Joseph Lagrange. Une biographie critique. Paris. Editions du Cerf. 2004. p. 185.

[23] LAGRANGE (M.-J), articulo de la Revue biblique (1897) sobre « L’innocence et le péché ». Cf. MONTAGNES (Bernard), Marie-Joseph Lagrange. Une biographie critique. Paris. Editions du Cerf. 2004. p. 185.

[24] Concordismo: Búsqueda de un acuerdo literal y material, punto por punto, entre los textos inspirados de la Biblia y los descubrimientos científicos; por ejemplo, entre le relato de la creación en seis días y las etapas geológicas y paleontológicas del génesis del universo.

[25] Fideísmo: rechazo de la utilizaron de la razón para el conocimiento religioso.

[26] « Los Padres (de la Iglesia) tomando al pié de la letra la universalidad del diluvio han visto en el Arca el simbolo de la Iglesia, y a los teólogos les gusta ver en ella la figura de la Inmaculada Concepción de María. Todas esta verdades permanecen independientemente de nuestras conclusiones en materia de critica literaria o de historia ; estas verdades sirven a la meditación de todos los cristianos comenzando por los teólogos.”;  Original en francés : « Enfin les Pères, prenant à la lettre l’universalité du déluge, ont fait de l’Arche le symbole de l’Eglise, et les théologiens aiment a y voir le type de la Conception Immaculée de Marie. Toute ces vérités demeurent ; quoi qu’il en soit de nos conclusions en matière de critique littéraire ou d’histoire, elles demeurent comme l’objet des méditations de tos les chrétiens, à commencer par les exégètes. » In LAGRANGE (M.-J). Le déluge. PP. 109-138. Texto dispuesto para su edición en la Revue biblique (RB). Este texto se encuentra en los Archivos de la Curia general de la Orden de predicadores en el convento de Santa Sabina (Roma).

[27] L’Evangile de Jésus-Christ, LAGRANGE (M.-J) y Sinopsis de LAVERGNE (C), Paris. Librairie Lecoffre. 1954. 716 páginas. Traducido en español, alemán, inglés, italiano y neerlandés.

[28] Carta escrita en 1928 al Padre Vosté : « Quizás después de mi muerte se reconocerá no tanto al valor de mis libros que al impulso dado ». MONTAGNES (Bernard), Les lettres du P. Lagrange à Mgr. De Solages  (1925 – 1937), in Bulletin de littérature ecclésiastique, publié par l’Institut catholique de Toulouse. Avril – juin 1990. XCI, 2, pp. 85.

 

 

[29] Evangelio según San Marcos 14, 36. Sagrada Biblia. Nácar-Colunga o.p. Madrid. B.A.C. 1985. Fray Alberto Colunga o.p. fue alumno de la Escuela bíblica de Jerusalén en tiempos del Padre Lagrange que lo cita en su Diario personal (Le Père Lagrange au service de la Bible. Souvenirs personnels. Préface de P. Benoît, o.p. directeur de l’Ecole biblique de Jérusalem. Paris. Ed. du Cerf. 1967. p. 172). Ver también LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 30 de septiembre de 1913 : “Visite à Gethsémani : ô Jésus faites-moi la grâce de ne point vous trahir, ni vous abandonner ! Pour le reste : Fiat voluntas tua, Pater ! » ; “Visita a Getsemaní : ¡Jesús dame la gracia de no traicionarte y de no abandonarte ! Por lo demás: ¡Fiat voluntas tua, Pater!”; “Me refugié bajo los olivos de Getsemaní y comencé inmediatamente un retiro espiritual de ocho días que me devolvió la paz.” Le Père Lagrange au service de la Bible. Souvenirs personnels. Préface de P. Benoît, o.p. directeur de l’Ecole biblique de Jérusalem. Paris. Ed. du Cerf. 1967. p. 77.

[30] Padre Alfonso DELATTRE (1841-1928), jesuita belga.

[31] El padre Leopoldo Fonck (1865-1930), jesuita austriaco, fue profesor de Santa Escritura en la Universidad de Innsbruck en 1901. En 1909 fundó el Instituto Bíblico Pontificio.

[32] Bernard Montagnes, o. p. : Exégèse et obéissance. Correspondance Cormier-Lagrange (1904-1916). Paris. J.Gabalda Éditeurs. 1989. 

[33] Declaración hecha en Marsella el día 27 de febrero de 1936. El padre Cormier ha sido beatificado por el papa Juan Pablo II el 20 de noviembre de 1994.

[34] Le Père Lagrange au service de la Bible. Souvenirs personnels. Préface de P. Benoît, o.p. directeur de l’Ecole biblique de Jérusalem. Paris. Ed. du Cerf. 1967. p. 170.

[35] Cf. LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 15 de julio de 1922.

[36] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 15 de julio de 1922.

[37] Carta del padre Lagrange al Maestro de la Orden H.-M Cormier, 5 de mayo de 1912.

[38] MONTAGNES (Bernard), Lagrange dénoncé à Pie X en 1911, in Archivum fratrum praedicatorum, vol. LXXVI. 2006. Istituto Storico Domenicano. Roma. PP. 217-239.

[39] La Sagrada Congregación Consistorial por un decreto del 12 de junio de 1912 excluyó los escritos del Padre Lagrange de los seminarios.

[40] Carta del papa Pío X al Maestro de la Orden de predicadores, H.M. Cormier, 16 de agosto de 1912: “He leído con la mayor atención la hermosa carta del padre Lagrange y tendréis la bondad de contestarle diciéndole que le felicito por su plena sumisión.” El papa Pío X llamaba al padre Cormier “el santo”.

[41] Cf. LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 22 de octubre de 1926. “En vez de refunfuñar como lo hago constantemente a causa de mis problemas, tendría qua dar gracias a Dios cada día por no haber sido destrozado… Otros lo han sido. A mi solo me han tocado ligeramente y siempre me han dicho que continúe. Qué diferencia entre la cogida paterna de Pío X a mi sumisión y la manera con la que han tratado a Brassac.”

[42] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 9 de octubre de 1911.

[43] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. Escrito del 27 de octubre de 1911.

[44] Journal inédit II. 12 de baril de 1897.

[45] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 7 de marzo de 1880 : “Marie, a Père, je suis à vous.” ; Volumen II : « In manus tua Virgo María, commendo spiritum meum. » El 24 de agosto de 1910. Volumen II, día 26 de septiembre de 1924 : “Mi dulce Madre, tuus sum ego.”

[46] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 31 de mayo de 1880.

[47] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 7 de marzo de 1880.

[48] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. Invocación de la Virgen el día 1 de mayo de 1881.

[49] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituels I y II. Inéditos. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES.

[50] LAGRANGE (M.-J), L’Evangile de Jésus-Christ avec la Synopse évangélique traduite par le P. C. LAVERGNE, o.p. Nouvelle édition. Paris. Librairie Lecoffre. J. Gabalda et Cie, Editeurs. 1954. p. 49.

[51] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 21 de diciembre de 1880.

[52] LAGRANGE (M.-J), La Vie dominicaine, 2 (1936). Saint-Maximin. Francia.

[53] « Emisiones tuae, María, paradisus ». LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES.13 de septiembre de 1888 durante el retiro espiritual que fue “el retiro del Rosario” por la importancia dada a esta oración.

[54] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel I. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. Día 27 de septiembre de 1898.

[55] Mgr. Bruno de Solages. Bulletin trimestriel des anciens élèves de Saint-Sulpice (de Paris), 15 août 1938. n°154. Pages 448-452. Souvenirs. Le père Lagrange.

[56] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 30 de septiembre de 1914.

[57] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 30 de septiembre de 1914.

[58] LAGRANGE (Marie-Joseph), Journal spirituel II. Inédito. Trascripción por fray Renaud ESCANDE y revisión por fray Bernard MONTAGNES. 13 de julio de 1922.

[59] GUITTON (Jean), Portrait du Père Lagrange, celui qui a réconcilié la science et la foi. Paris. Editions Robert Laffont. 1992.

[60] Proverbio árabe citado por Jean Guitton.

[61] Pablo VI. Discurso a los miembros de la Comisión Bíblica Pontificia el 14 de marzo de 1974. In Osservatore Romano, edición francesa del 22 marzo 1974.

[62] Juan Pablo II. Discurso a la Academia pontificia de ciencias. Acta Apostolicae Sedis 85 (1993, 764-772.

[63] Il Cardinale Carlo María Martini, S.I.

Gerusalemme, 22 luglio 2007

Molto reverendo e caro padre Manuel Rivero o. p. ,

Le sono molto grato per la sua lettera dell’11 maggio 2007, consegnatami dal nuovo Padre Priore del convento di santo Stefano di Gerusalemme.

Mi dà grande gioia la notizia che la causa di beatificazione del padre Marie Joseph Lagrange, fondatore della Ecole Biblique di Gerusalemme, è già assai avanti. Personalmente non ho conosciuto il padre Lagrange, ma ricordo l’impressione grande che ricevetti dalla lettura del suoi primi articoli sulla Revue Biblique, lettura che feci all’inizio dei miei studi biblici. Anche in seguito ho tratto molto profitto dai suoi commenti ai vangeli, e, pur non conoscendo i particolari, ho ammirato la sua grande obbedienza nel vivere il suo carisma di esegeta in piena disponibilità a fare quanto gli veniva chiesto.

Ho sempre guardato con gratitudine a questa figura di studioso e di figlio devoto della Chiesa, e sono lieto di sapere che egli era anche un uomo fervente, un uomo la cui preghiera era fuoco. Ritengo che il padre Lagrange sia come l’iniziatore di tutta la rinascita cattolica degli studi biblici. Il pensare che all’inizio ci sia stato un santo ci conforta nel vivere questi studi con l’attitudine di San Girolamo e degli altri esegeti santi, che hanno cercato nella scrittura il volto di Dio.

Sarò molto lieto nel sapere ulteriori notizie sullo sviluppo della causa e prego fin da ora perché essa serva a far conoscere questo uomo straordinario, questo figlio obbediente della Chiesa, questo umile servitore del Vangelo.

                                                                                                              Suo in X.o

                                                Carlo María Card. Martini