VIDA NUEVA Padre Lagrange
« ¿Puede la
Biblia resistir a la crítica
científica?
La vida y la obra del
Padre Lagrange, fundador de la Escuela bíblica y de arqueología francesa de
Jerusalén”
Fray Manuel Rivero o.p., vicepostulador de la causa de beatificación del padre
Lagrange.
Actualidad del Padre Lagrange
El Sínodo de los
obispos sobre “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”
tendrá lugar en el mes de octubre próximo. Con esta
ocasión la Iglesia estudia de forma
especial la Palabra de Dios en los cinco continentes.
El día 10 de marzo de
este año 2008 se celebrará el 70
aniversario de la muerte del Padre Lagrange († Saint Maximin (Francia), 10 de marzo 1938).
La Escuela bíblica de
Jerusalén, fundada por el padre Lagrange, continúa la publicación de la revista lanzada también por él “la Revue Biblique” y
prepara una nueva edición de la Biblia de Jerusalén con nuevos comentarios que
reflejan cómo la Palabra de Dios ha sido acogida e interpretada a lo largo de
la historia de la Iglesia. Los
arqueólogos de la Escuela prosiguen sus investigaciones
y ofrecen toda una serie de elementos científicos que esclarecen las preguntas
y las dudas de nuestros
contemporáneos: ¿Puede la Biblia resistir
a la crítica científica? ¿Qué lugar ocupa hoy la Biblia en la vida espiritual de los fieles? ¿Qué interpretación de la
Biblia ofrece hoy la Iglesia católica? ¿Qué importancia damos a la Palabra de
Dios en el testimonio de la fe, la
catequesis y la predicación? ¿Qué trasmiten
los cristianos: Una moral o el Evangelio
revelado?
Pienso que la vida y
la obra del padre Lagrange son para el hombre contemporáneo una luz que hacen
resplandecer al misterio de Jesús y
conducen al rostro de Dios.
El poeta andaluz Juan
Ramón Jiménez, Premio Nóbel de literatura
en 1956, escribe en su “Diario de poeta y mar”: “Raíces y alas. Pero que las
alas arraiguen y la raíces vuelen.” El
recorrido del Padre Lagrange representa la historia
de un alma al mismo tiempo que una gran aventura intelectual que dan ganas de
“arraigarse” en la Iglesia y de “volar” en la misión.
Nacimiento y juventud
Alberto Lagrange
nació en Bourg-en-Bresse (Francia) el día 7 de marzo de 1855, fiesta en aquel entonces de Santo Tomas de Aquino.
En 1858, su madre
Elisabeth Falsan, le presentó al santo Cura de Ars Juan María Vianney que le bendijo.
Perteneciente a la burguesía de Lyon transmitió
a su hijo un gran amor a la Virgen María, la Inmaculada
Concepción. El día de su bautismo, el 12 de marzo de 1855, le
consagró a la Virgen
Negra venerada en la región con la lectura del Prólogo del
Evangelio según San Juan. Durante la ceremonia el sacerdote puso su estola sobre él :
“In principio…” (“Al principio era el Verbo…”)
Su tío materno y
padrino de bautismo, Alberto Falsan, le inició en la geología que le serviría
más tarde para estudiar la historia de “los estratos”
de los textos bíblicos.
Estudió en el seminario menor de Autun en
donde su padre, que era notario, había estudiado
también antes de escoger el camino del matrimonio, lo que valió al joven Alberto
muchos encuentros en el hogar familiar con los antiguos camaradas de clase que
ejercían el ministerio sacerdotal.
De adolescente
impartía el catecismo a niños. Como miembro de la Conferencia de San Vicente de
Paúl visitaba a los pobres.
Su oración Mariana y
la belleza de la Coronación de la Virgen María de Fra Angélico (1387-1455), el
dominico de Florencia, nombrado patrón de los artistas
por Juan Pablo II,
le ayudaron también a acercarse a Cristo
y a la vida religiosa.
Estudió Derecho y se doctoró por la universidad de
París. Sus colegas le eligieron secretario de la Conferencia de Abogados. Pero
el joven jurista Alberto Lagrange
llevaba en su corazón la vocación al sacerdocio desde el día de su Primera
Comunión. Así
pues, entró en el Seminario de San Sulpicio cerca de Paris en
Issy-les-Moulinaux. Los profesores de San Sulpicio supieron darle “el gusto de la Santa Escritura”
que amó con pasión toda su vida. Les dedicó su Comentario al Evangelio de San
Mateo.
Dominico
Atraído por el ideal
evangélico de Santo Domingo de Guzmán recibió el hábito
blanco de la orden de predicadores el día 5
de octubre de 1879 en Saint-Maximin (Departamento del Var (83),
Francia). El bienaventurado Jacinto Cormier, a la sazón prior provincial, le
acogió en la provincia dominicana de Toulouse ciñéndole con su propio cinturón.
Alberto recibió el nuevo nombre de Marie-Joseph con el que siempre firmó sus
libros. En el silencio de su celda se consagró al estudio
de la Biblia que colmaba su sed de Dios y de crecimiento espiritual. La Biblia fue siempre para él la fuente de
vida espiritual. Un maestro contemporáneo de la espiritualidad,
fray Pie-R. Régamey o.p., declaraba un día haber discutido y escrito mucho sobre la espiritualidad
dominicana que en realidad no era otra cosa que el Evangelio. Desde sus estudios en el seminario hasta
su muerte, la Biblia fue siempre el faro y el motor de su vida espiritual.
Estudios
en Salamanca y ordenación en Zamora
En 1880 los dominicos
expulsados de Francia por una ley antirreligiosa fueron acogidos en el convento
de San Esteban de Salamanca habitado por unos poquitos
frailes españoles, en una España marcada por le odio hacia el catolicismo y agitada por los movimientos obreros de corte anarquista o marxista, a
pesar de la restauración económica
debida en parte al ferrocarril, agente de transformación y de desarrollo. A la
muerte del rey Alfonso XII, en 1885, hubo un fuerte riesgo de agitación revolucionaria. Fray Marie-Joseph cuenta
cómo un obrero que afilaba en la calle un cuchillo increpó a un grupo de
religiosos franceses mostrando el
arma: “Frailes, frailes, os han expulsado de Francia; nosotros los Españoles,
no nos pagamos con esa moneda, exigimos el precio de la sangre”.
Al Padre Lagrange le
gustó siempre escribir
detalladamente su diario para dar su propia visión de los acontecimientos.
Describe así la buena acogida de los dominicos de Salamanca que habían sido
anteriormente expulsados de su claustro,
al igual que las otras congregaciones religiosas, el perfume de santidad dejado
por Santa Teresa de Ávila que se confesaba al padre Báñez o.p. …
Fray Alberto Lagrange guardó un buen recuerdo
de esos años de exilio en una atmósfera de vida religiosa y contemplativa
durante la cual tuvo la ocasión de descubrir la gran mística
Santa Teresa de Ávila que veneró como peregrino en Alba de Tormes. Esta doctora de la Iglesia será una fuente de gracia
en la vida del Padre Lagrange. Dos Capítulos Generales de la orden de
predicadores, organizados en Ávila impulsaron de manera providencial su obra.
En 1895 el capítulo general de Ávila aprobó la fundación de la Escuela bíblica
de Jerusalén y otro capítulo general celebrado en 1986 en la ciudad de Ávila
pidió la apertura del proceso de beatificación del Padre Lagrange para realzar
el estudio de “la Verdad que hace
libre al hombre” (Juan 8,32) y que “libera a la inteligencia” como decía
Jacques Maritain, diplomático
francés y filósofo cristiano de la
escuela tomista que participó en la
elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de
1948.
El 22 de diciembre de
1883 fue ordenado sacerdote en Zamora de manos de un obispo dominico misionero
en Asia perteneciente a la Provincia dominica del Rosario encargada de
evangelizar a ese misterioso
continente. Su madre y su hermana pudieron estar
presentes en ese gran día lo que llenó su corazón de satisfacción.
A lo largo de sus estudios en Salamanca, Marie-Joseph Lagrange
frecuentó a varios dominicos de la Provincia de Toulouse que serían grandes
misioneros en Brasil: Dominique Carrérot, Gilles Vilanova… También encontró al
gran místico dominico Juan G.
Arintero del que hablaba elogiosamente: “Arintero se ha convertido en un doctor
místico muy escuchado. Ha fallecido
en olor de santidad y a los fieles les gusta
depositar flores en su tumba”.
Toulouse (Francia) y Viena (Austria)
En 1886 el Padre
Lagrange vuelve al convento de Toulouse en donde va enseñar la filosofía y la
historia de la Iglesia sin olvidar
el ministerio de la predicación. En
1888, su prior provincial, le envía a la Universidad de Viena en Austria, para estudiar
las lenguas y las civilizaciones de Oriente (hebreo, árabe, egipcio y el
asirio). Un viaje a Egipto, Palestina
y Líbano a principios del año 1890 completó su formación teórica.
Hablaba alemán,
inglés, italiano y español. En sus
ratos de ocio leía a Dante, Goethe, Shakespeare, y a los autores clásicos
griegos y latinos.
Fundación de la Escuela bíblica de Jerusalén
El Padre Lagrange
inauguró la Escuela práctica de estudios
bíblicos de Jerusalén el 15 de noviembre
de 1890, fiesta de su patrono de
bautismo San Alberto Magno o.p. La Escuela bíblica nació pequeña y pobre, a
imagen del Evangelio, en un antiguo matadero en el quedaban colgadas todavía
las argollas. Una mesa, un tablero, un mapa y unos libros, cuya cantidad era
apenas del nivel de un cura de pueblo, formaban la riqueza que recibirá en 1920
el estatuto oficial de Escuela
Francesa de Arqueología de Jerusalén y que se convertirá en un gran centro
científico de investigación en
arqueología y en Biblia. Su biblioteca cuenta hoy con 140.000 volúmenes. Lo que
nos muestra una vez más que las
grandes cosas nacen pequeñas. La experiencia y no solamente la doctrina del
Padre Lagrange son fuente de inspiración para el hombre contemporáneo, rico en
medios y falto a menudo de sentido y de fuerza en el alma. Es modelo de fe ya
que ponía su confianza no en sus fuerzas sino “en la ayuda de la Señora Santa María
y del Señor San Esteban”.
Para
el Padre Lagrange, “la pedagogía que une el documento y el monumento es la más
fecunda de las pedagogías.” Por
esta razón quiso siempre que la
Biblia fuera estudiada en Tierra
Santa y no únicamente en las bibliotecas de eruditos.
Decía con humor que el “contexto del estudio
bíblico –Sitz im Leben- no es el sillón”. Los elementos geográficos y climáticos, descritos a menudo de forma poética, ocupan una parte
importante en sus comentarios exegéticos. Para el padre Lagrange el estudio de la Biblia exige la consagración de toda
una vida para comprender “este
abismo de luz y de oscuridad. La Biblia es oscura.”
El estilo de Lagrange es científico pero elegante.
Respondía con humor a los que esperaban más efectos estéticos
que “el soldado llamado al combate no tiene
tiempo para hacer brillar sus botas”.
Hombre con los pies en la tierra, iba
al desierto y estuvo a punto de
morir en el desierto de Petra en un ataque nocturno de beduinos el 27 de
octubre de 1897. Con miedo a morir, cuando silbaban las balas, propuso a